martes, 10 de septiembre de 2013

Pedidos de oración


Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.
Pedimos oración para que Dios Misericordioso envíe lluvias sobre la zona central de Argentina, en especial la provincia de Córdoba, sumamente azotada por la sequía y en los últimos días afectada por descontrolados incendios de campos que incluso consumen grandes extensiones de bosques de pinares, fauna autóctona y ya han dañado muchas viviendas. Que el Señor nos envíe la gracia de la lluvia.
Pedimos oración por Franco Nazareno, de Buenos Aires, Argentina, 13 años de edad, hijo de una muy querida lectora de esta página, que está siendo estudiado por neurólogos, rogando a la Virgen de Luján que todo concluya favorablemente.
Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Palabras del Papa Francisco

“No puede haber paz sin diálogo. Todas las guerras, todas las luchas, todos los problemas que no se resuelven, que se encuentran, existen por falta de diálogo. Cuando hay un problema, diálogo: eso hace la paz¨ y exhortó a promover una cultura que promueva el encuentro, el conocimiento del otro y permita que las personas dialoguen sin pelearse”
Papa Francisco

sábado, 27 de julio de 2013



Palabras del Papa Francisco al final del Vía Crucis en la JMJ Rio 2013

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2013


Queridísimos jóvenes 
Hemos venido hoy aquí para acompañar a Jesús a lo largo de su camino de dolor y de amor, el camino de la Cruz, que es uno de los momentos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud. Al concluir el Año Santo de la Redención, el beato Juan Pablo II quiso confiarles a ustedes, jóvenes, la Cruz diciéndoles: “Llévenla por el mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad, y anuncien a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención” (Palabras al entregar la cruz del Año Santo a los jóvenes, 22 de abril de 1984: Insegnamenti VII,1 (1984), 1105). 

Desde entonces, la Cruz ha recorrido todos los continentes y ha atravesado los más variados mundos de la existencia humana, quedando como impregnada de las situaciones vitales de tantos jóvenes que la han visto y la han llevado. Nadie puede tocar la Cruz de Jesús sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la cruz de Jesús a la propia vida. 

Esta tarde, acompañando al Señor, me gustaría que resonasen en sus corazones tres preguntas: ¿Qué han dejado ustedes en la Cruz, queridos jóvenes de Brasil, en estos dos años en los que ha recorrido su inmenso país? Y ¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de ustedes? Y, finalmente, ¿qué nos enseña para nuestra vida esta Cruz? 1. Una antigua tradición de la Iglesia de Roma cuenta que el apóstol Pedro, saliendo de la ciudad para huir de la persecución de Nerón, vio que Jesús caminaba en dirección contraria y enseguida le preguntó: “Señor, ¿adónde vas?”. 

La respuesta de Jesús fue: “Voy a Roma para ser crucificado de nuevo”. En aquel momento, Pedro comprendió que tenía que seguir al Señor con valentía, hasta el final, pero entendió sobre todo que nunca estaba solo en el camino; con él estaba siempre aquel Jesús que lo había amado hasta morir en la Cruz. Miren, Jesús con su Cruz recorre nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, también los más profundos. 

Con la Cruz, Jesús se une al silencio de las víctimas de la violencia, que no pueden ya gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con ella, Jesús se une a las familias que se encuentran en dificultad, que lloran la trágica pérdida de sus hijos, como en el caso de los 242 jóvenes víctimas en el incendio de la ciudad de Santa María en el incendio de este año recemos por ellos. O que sufren al verlos víctimas de paraísos artificiales como la droga; con ella, Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; con ella, Jesús se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel; en ella, Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo y la corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio. 

En la Cruz de Cristo está el sufrimiento, el pecado del hombre, también el nuestro, y Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevas tú solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida (cf. Jn 3,16). 2. Y así podemos responder a la segunda pregunta: ¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto, en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Dios por nosotros. 

Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. 

En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos totalmente en Él (cf. Lumen fidei, 16). porque Él nunca defrauda a nadie. 

Solo en Cristo muerto y resucitado encontramos salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de ser instrumento de odio, de derrota, de muerte, en un signo de amor, de victoria y de vida. El primer nombre de Brasil fue precisamente “Terra de Santa Cruz”. La Cruz de Cristo fue plantada no sólo en la playa hace más de cinco siglos, sino también en la historia, en el corazón y en la vida del pueblo brasileño, y en muchos otros. 

A Cristo que sufre lo sentimos cercano, uno de nosotros que comparte nuestro camino hasta el final. No hay en nuestra vida cruz, pequeña o grande, que el Señor no comparta con nosotros. 3. Pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano. Muchos rostros han acompañado a Jesús en su camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres… 

También nosotros podemos ser para los demás como Pilato, que no tiene la valentía de ir contracorriente para salvar la vida de Jesús y se lava las manos. 

Queridos amigos, la Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María? 

Jesús te está mirando ahora y te dice ¿Me quieres ayudar a llevar la cruz? Queridos jóvenes, llevemos nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestros fracasos a la Cruz de Cristo; encontraremos un Corazón abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo amor a nuestra vida, amar a cada hermano o hermana nuestra con ese mismo amor. Que así sea.

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2013



(Diogo Ximenes/InfoCatólica) El Papa recordó que hoy se celebra la memoria de un santo matrimonio, «abuelos» de Jesús, los santos Joaquín y Ana, y los puso como ejemplo de servicio a la vida y a la fe, como modelo para las viejas generaciones, que hoy son tratadas como «descartables».
«En su casa vino al mundo María, trayendo consigo el extraordinario misterio de la Inmaculada Concepción; en su casa creció acompañada por su amor y su fe; en su casa aprendió a escuchar al Señor y a seguir su voluntad», explicó.
Apuntó que los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido el amor de Dios en el calor que sólo da la familia, hasta llegar a María «que acogió en su seno al hijo de Dios y lo dio al mundo, nos lo ha dado a nosotros».
A través de esta corriente generacional aconteció lo que - dijo- es un acontecimiento luminoso que ha transformado la historia: «la Encarnación, el hijo de Dios se ha hecho hombre en Jesús de Nazareth».
Citando el Documento de Aparecida señaló que «niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos, los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque nos transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida».
Para el Obispo de Roma el dialogo intergeneracional es un tesoro que se debe preservar y alimentar y dijo a miles de fieles - sobre todo adultos - que se congregaron a escucharlo bajo el balcón del Palacio Arzobispal - que lleva el nombre de San Joaquin - que en esta Jornada Mundial de la Juventud los jóvenes quieren saludar a los abuelos.
El dialogo entre generaciones fue también abordado ayer por el Pontífice en el encuentro con los peregrinos argentinos, en la Catedral Metropolitana:
«Yo les pido de corazón a los ancianos: no claudiquen de ser la reserva cultural de nuestro pueblo que trasmite la justicia, que trasmite la historia, que trasmite los valores, que trasmite la memoria del pueblo. Y ustedes (jóvenes), por favor, no se metan contra los viejos; déjenlos hablar, escúchenlos, y lleven adelante. Pero sepan, sepan que, en este momento, ustedes, los jóvenes, y los ancianos, están condenados al mismo destino: exclusión; no se dejen excluir. ¿Está claro? Por eso, creo que tienen que trabajar juntos».

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2013



(Agencias/InfoCatólica) El Santo Padre empezó su discurso reconociendo que la vida de un obispo puede llenarse de precoupaciones por tener que tratar multitud de asuntos, pero alertó contra el peligro de que los pastores caigan en la tristeza: «A veces, la vida de un obispo tiene dificultades y la fe del obispo puede entristecerse. ¡Qué feo es un obispo triste! ¡Qué feo que es!».
Francisco advirtió que hoy en día las personas tienen «la tentación» de «ponerse en el centro», de creer que cada uno construye su vida o que «es el tener, el dinero, el poder lo que da la felicidad». Sin embargo, ha indicado que estos pueden ofrecer «un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices» pero, al final, «dominan y llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos».
«Y terminamos empachados pero no alimentados. Y es muy triste ver a una juventud empachada pero débil. La juventud tiene que ser fuerte, debe alimentarse de su fe, no empacharse de otras cosas», ha añadido de forma improvisada.
Además, ha asegurado que la fe lleva a cabo en la vida de cada persona «una revolución que se podría llamar copernicana», porque «quita a la persona del centro y pone en él a Dios, de forma que el modo de pensar y obrar se transforma en el mismo de Jesús y el corazón se llena de paz, dulzura, ternura, entusiasmo, serenidad y alegría».
Por ello, el papa Francisco ha invitado a los jóvenes a poner «fe, esperanza y amor» a su vida, al igual que ponen sal a un plato soso, para que «realmente tenga sentido y sea plena, como desean y merecen».
«Pon fe y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; pon esperanza y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; pon amor y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo», ha explicado.
«Pero, ¿quién puede darnos esto?», se ha preguntado para contestar que es Cristo. Por ello, ha exhortado a la juventud a «poner a Cristo» en su vida. «Pon a Cristo en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre; pon a Cristo y verás crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; pon a Cristo y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda», ha añadido.
El Papa ha dicho a los jóvenes que Cristo les «espera en el encuentro con su Carne en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de amor, y en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad, te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje de la caridad, de la bondad, del servicio».
De nuevo, improvisando ha preguntado a los jóvenes: «¿Estás dispuesto a entrar en esta onda de la revolución de la fe?». Y les ha indicado que solo así su vida va a tener sentido.
Además, ha recordado a los jóvenes que sí ponen a Jesús en su vida, él les acogerá «para curar, con su misericordia, las heridas del pecado». «No tengas miedo de pedir perdón. Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama. ¡Dios es pura misericordia!», ha insistido.
Finalmente, el Papa Francisco ha invitado a encontrar en los otros jóvenes el «lenguaje de la caridad, de la bondad, del servicio» y ha llamado a cada uno a ser «un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar un poco de luz a este mundo». «Qué bien se está aquí», ha exclamado recordando las palabras de Pedro después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria.