"BUENA NUEVA" PASTORAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL Instrumento de Formación e Información
miércoles, 28 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
ESTO TENEMOS QUE VERLO
Gloria Strauss y su devoción a Dios y María
(Publicado por Eduardo Bolaños)
(Publicado por Eduardo Bolaños)
Este es un emotivo video de cómo la fe de una niña, Gloria Strauss, quien rezaba siempre el Santo Rosario, ha llevado a muchas personas a convertirse al catolicismo después de su muerte en el 2007 por causa de un cáncer. Maravilloso como Dios hace su obra en todas las personas, y cómo una pequeña niña es capáz de darnos una lección tan grande del amor de Dios. Veamos
EL CREDO
Video de nuetro compatriota, el cantautor católico Luis Enrique Ascoy, que con la fuerza de su voz nos llena de esperanza. Todavía hay muchos católicos que creemos en nuestra Santa Madre iglesia, en sus verdades y en Dios que es nuestra principal meta.
lunes, 26 de abril de 2010
¡Es el Señor!
Palabra del Domingo: 18 de abril 2010
Nuestra Madre Iglesia dispone en la Mesa de la Eucaristía, para la celebración del Tercer Domingo de Pascua, un pasaje del Santo Evangelio, de inconmensurable valor eclesial, que evoca una significativa aparición del Señor de la Vida, en la cual se nos invita, a partir de la fe, a constatar su amable presencia (Jn 21, 1-19).
El destacado papel de Pedro
El Capítulo 21 del Cuarto Evangelio podemos dividirlo en dos partes: la manifestación del Señor Jesús a siete de sus discípulos que estaban con Pedro a orillas del lago (vv. 1-21), y la conclusión definitiva (vv. 24-25). Meditaremos la primera de ellas.La escena muestra la permanencia del Señor durante la prueba de la comunidad, que se encontraba unida en torno de Pedro: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: ‘Voy a pescar’. Ellos le respondieron: ‘También nosotros vamos contigo’. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada” (vv. 1-3). Notemos que el primero de la lista es el Apóstol Pedro, en posición sobresaliente, como también aparece en el episodio anterior del sepulcro vacío (compárese 20, 1-10; en especial, los versículos 3-5). El evangelista resalta así la figura de Pedro, quien resulta determinante para la unión y conducción de la comunidad.
El Capítulo 21 del Cuarto Evangelio podemos dividirlo en dos partes: la manifestación del Señor Jesús a siete de sus discípulos que estaban con Pedro a orillas del lago (vv. 1-21), y la conclusión definitiva (vv. 24-25). Meditaremos la primera de ellas.La escena muestra la permanencia del Señor durante la prueba de la comunidad, que se encontraba unida en torno de Pedro: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: ‘Voy a pescar’. Ellos le respondieron: ‘También nosotros vamos contigo’. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada” (vv. 1-3). Notemos que el primero de la lista es el Apóstol Pedro, en posición sobresaliente, como también aparece en el episodio anterior del sepulcro vacío (compárese 20, 1-10; en especial, los versículos 3-5). El evangelista resalta así la figura de Pedro, quien resulta determinante para la unión y conducción de la comunidad.
La originalidad del Cristianismo
El Señor Jesús se manifestó, primordialmente, a través de dos signos. Premió la constancia de quienes habían perseverado unidos acatando sus indicaciones (véanse vv. 4-6), a pesar de que al principio dichas instrucciones, venidas de un extraño, no debieron comprenderlas; pero un cierto sentido de confianza los movió a poner en práctica la Palabra del Señor. Correspondió al discípulo a quien Jesús amaba, reconocerlo y, entonces, entusiasmado, exclamó: “Es el Señor” (v. 7).El segundo signo estriba en la inefable benignidad y amistad con que Jesús, el Señor de la Vida, invitó a los suyos a compartir la mesa (véanse vv. 12-13). El evangelista destaca: “Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos” (v. 14). La originalidad cristiana no radica en su sistema de creencias ni en sus normas morales. La originalidad del Cristianismo es una Persona: Jesucristo, quien “aportó toda la novedad imaginable al hacerse Él mismo presente” (San Ireneo).
El Señor Jesús se manifestó, primordialmente, a través de dos signos. Premió la constancia de quienes habían perseverado unidos acatando sus indicaciones (véanse vv. 4-6), a pesar de que al principio dichas instrucciones, venidas de un extraño, no debieron comprenderlas; pero un cierto sentido de confianza los movió a poner en práctica la Palabra del Señor. Correspondió al discípulo a quien Jesús amaba, reconocerlo y, entonces, entusiasmado, exclamó: “Es el Señor” (v. 7).El segundo signo estriba en la inefable benignidad y amistad con que Jesús, el Señor de la Vida, invitó a los suyos a compartir la mesa (véanse vv. 12-13). El evangelista destaca: “Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos” (v. 14). La originalidad cristiana no radica en su sistema de creencias ni en sus normas morales. La originalidad del Cristianismo es una Persona: Jesucristo, quien “aportó toda la novedad imaginable al hacerse Él mismo presente” (San Ireneo).
“La esquela de la Divina Providencia”
Así como el evangelista convocó a su comunidad a no olvidar que el Señor estaba cerca, nosotros debemos abrir los ojos para mirar aquellos guiños providenciales que nos muestran la permanente presencia de Cristo Resucitado en nuestra vida. Permítaseme compartir una anécdota ilustrativa de tan edificante vivencia. Se trata de mi abuelo, quien estando ya viejecito, hubo de afrontar un rudo revés en su vida. Sus amigos le comentaron que “no le veían muy preocupado”, a lo cual, el buen anciano, desde lo profundo de su experiencia, contestó: “Me preocuparé el día que vea publicada en el periódico la esquela de la Divina Providencia”.
Así como el evangelista convocó a su comunidad a no olvidar que el Señor estaba cerca, nosotros debemos abrir los ojos para mirar aquellos guiños providenciales que nos muestran la permanente presencia de Cristo Resucitado en nuestra vida. Permítaseme compartir una anécdota ilustrativa de tan edificante vivencia. Se trata de mi abuelo, quien estando ya viejecito, hubo de afrontar un rudo revés en su vida. Sus amigos le comentaron que “no le veían muy preocupado”, a lo cual, el buen anciano, desde lo profundo de su experiencia, contestó: “Me preocuparé el día que vea publicada en el periódico la esquela de la Divina Providencia”.
DOMINGO: DÍA DEL SEÑOR
El ser Cristiano: una vocación para los demás:
Jesús, en todo momento pendiente de la voluntad del Padre, es el buen pastor que d
a su vida por las ovejas, que se santifica y se entrega por todas. No reserva nada para sí mismo. Es un ser-para-los-demás. Fue clavado en la cruz, en alto, para que podamos verle bien. Con sus pies clavados nos espera, y con sus brazos abiertos nos acoge a todos, sin distinción.
Ser cristiano significa pasar del «ser para sí mismo» al «ser para los demás». En la Biblia el Buen Samaritano no se pregunta ¿Qué me sucederá, en qué líos me enredaré si me entretengo en atender al herido? Solo piensa: ¿Qué le sucederá al herido si no me paro a recogerlo?
Aceptar la vocación cristiana es salir de sí mismo, acercarse a Cristo, para abrirse como Él a los demás. Seguir las huellas del Crucificado, crucificar el propio yo, existir para los otros. «Hay que salvarse juntos. Hay que llegar juntos a la casa de Dios. Hay que pensar un poco en los otros, hay que trabajar un poco por los otros. ¿Qué nos diría Dios si llegásemos hasta Él los unos sin los otros?» (Péguy).
Las grandes figuras de la historia de la salvación han vivido «el principio para». Abrahán, saliendo de su tierra; Moisés, dirigiendo el éxodo... Ofrecerse y darse. Morir para vivir. Como el grano de trigo, que si no muere permanece solo, pero si muere da fruto abundante.
Fuente: www.elobservadorenlinea.com
a su vida por las ovejas, que se santifica y se entrega por todas. No reserva nada para sí mismo. Es un ser-para-los-demás. Fue clavado en la cruz, en alto, para que podamos verle bien. Con sus pies clavados nos espera, y con sus brazos abiertos nos acoge a todos, sin distinción.Ser cristiano significa pasar del «ser para sí mismo» al «ser para los demás». En la Biblia el Buen Samaritano no se pregunta ¿Qué me sucederá, en qué líos me enredaré si me entretengo en atender al herido? Solo piensa: ¿Qué le sucederá al herido si no me paro a recogerlo?
Aceptar la vocación cristiana es salir de sí mismo, acercarse a Cristo, para abrirse como Él a los demás. Seguir las huellas del Crucificado, crucificar el propio yo, existir para los otros. «Hay que salvarse juntos. Hay que llegar juntos a la casa de Dios. Hay que pensar un poco en los otros, hay que trabajar un poco por los otros. ¿Qué nos diría Dios si llegásemos hasta Él los unos sin los otros?» (Péguy).Las grandes figuras de la historia de la salvación han vivido «el principio para». Abrahán, saliendo de su tierra; Moisés, dirigiendo el éxodo... Ofrecerse y darse. Morir para vivir. Como el grano de trigo, que si no muere permanece solo, pero si muere da fruto abundante.
Fuente: www.elobservadorenlinea.com
viernes, 23 de abril de 2010
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