Una vez terminadas las eucaristías dominicales, se homenajeó a todas las madres presentes, Sortendo sendas canastas especialmente preparadas por los grupos pastorales y hermandades de nuestar comunidad parroquial.
"BUENA NUEVA" PASTORAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL Instrumento de Formación e Información
miércoles, 19 de mayo de 2010
EN EL DÍA DE LA MADRE...
Una vez terminadas las eucaristías dominicales, se homenajeó a todas las madres presentes, Sortendo sendas canastas especialmente preparadas por los grupos pastorales y hermandades de nuestar comunidad parroquial.
sábado, 15 de mayo de 2010
NO ESTOY AQUI...QUE SOY TU MADRE!!!
VIRGEN DE CHAPI, SALE A LAS CALLES DE REYNOSO
"No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí"
Gal 2,20
viernes, 14 de mayo de 2010
MAYO, MES DE MARÍA (II)

Mayo es el mes de las flores, de la primavera. Muchas familias esperan este mes para celebrar la fiesta por la recepción de algún sacramento de un familiar. También, Mayo es el mes en el que todos recuerdan a su mamá (el famoso 10 de Mayo) y las flores son el regalo más frecuente de los hijos para agasajar a quien les dio la vida.
Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.
Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.
¿Qué se acostumbra hacer este mes?
Ofrecimiento de flores a la Virgen.
Este es el mejor regalo que podemos hacerle a la Virgen. Regalar flores es una manera que tenemos las personas para decirle a alguien que la queremos mucho. A la Virgen le gusta que le llevemos flores y, también, si se puede, le podemos cantar sus canciones preferidas…
Para dar mayor solemnidad al Ofrecimiento, los niños pueden ir vestidos de blanco, símbolo de pureza.
Reflexionar en los principales misterios de la vida de María.
Reflexionar implica hacer un esfuerzo con la mente, la imaginación y, también, con el corazón, para profundizar en las virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida. Podemos meditar en cómo María se comportó, por ejemplo, durante:
-la Anunciación
-la Visita a su prima Isabel
-el Nacimiento de Cristo
-la Presentación del Niño Jesús en el templo
-el Niño Jesús perdido y hallado en el templo
-las Bodas de Caná
-María al pie de la cruz.
Recordar las apariciones de la Virgen.
En Fátima, Portugal; en Lourdes, Francia y en el Tepeyac, México (La Guadalupe) la Virgen entrega diversos mensajes, todos relacionados con el amor que Ella nos tiene a nosotros, sus hijos.
Meditar en los cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:
Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.
Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.
¿Qué se acostumbra hacer este mes?
Ofrecimiento de flores a la Virgen.
Este es el mejor regalo que podemos hacerle a la Virgen. Regalar flores es una manera que tenemos las personas para decirle a alguien que la queremos mucho. A la Virgen le gusta que le llevemos flores y, también, si se puede, le podemos cantar sus canciones preferidas…
Para dar mayor solemnidad al Ofrecimiento, los niños pueden ir vestidos de blanco, símbolo de pureza.
Reflexionar en los principales misterios de la vida de María.
Reflexionar implica hacer un esfuerzo con la mente, la imaginación y, también, con el corazón, para profundizar en las virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida. Podemos meditar en cómo María se comportó, por ejemplo, durante:
-la Anunciación
-la Visita a su prima Isabel
-el Nacimiento de Cristo
-la Presentación del Niño Jesús en el templo
-el Niño Jesús perdido y hallado en el templo
-las Bodas de Caná
-María al pie de la cruz.
Recordar las apariciones de la Virgen.
En Fátima, Portugal; en Lourdes, Francia y en el Tepeyac, México (La Guadalupe) la Virgen entrega diversos mensajes, todos relacionados con el amor que Ella nos tiene a nosotros, sus hijos.
Meditar en los cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:
1. Su inmaculada concepción: A la única mujer que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen María porque iba a ser madre de Cristo.
2. Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.
3. Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.
4. Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.
2. Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.
3. Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.
4. Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.
Recordar y honrar a María como Madre de todos los hombres.
María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.
Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.
María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
Vivir una devoción real y verdadera a María.
Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.
María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
Vivir una devoción real y verdadera a María.
Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:
Mirar a María como a una madre: Platicarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.
Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.
Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.
Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.
Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María.
La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como la del Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía), el Regina Caeli, la Consagración a María y el Rosario.
Varias oraciones Marianas
Cantar las canciones dedicadas a María
Que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos
Treinta días de oración a la Reina del Cielo
Cortesía de: es.catholic.net
lunes, 10 de mayo de 2010
Mensaje de Benedicto XVI para a Jornada Mundial de la juventud en Roma!!
Invitación al seguimiento de Cristo para una vida intensa y provechosa.
«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 17)
Queridos amigos:
Se celebra este año el XXV aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, convocada por el Venerable Juan Pablo II como cita anual de los jóvenes creyentes del mundo entero. Se trata de una iniciativa profética que ha producido frutos abundantes, al dar a las nuevas generaciones cristianas la posibilidad de reunirse, ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, descubrir la belleza de la Iglesia y vivir experiencias fuertes de fe que han impulsado a muchos a decidir entregarse totalmente a Cristo.
La presente XXV Jornada constituye una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de los Jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, adonde espero que acudáis numerosos para vivir ese acontecimiento de gracia.
Para prepararnos a esa celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 17), tomado del episodio evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico; un tema afrontado ya, en 1985, por el papa Juan Pablo II en una maravillosa Carta, dirigida por vez primera a los jóvenes.
«Cuando salía Jesús al camino –narra el Evangelio de San Marcos–, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo–, y luego, sígueme”. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico» (Mc 10, 17-22). Este relato expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras expectativas, vuestras esperanzas, y muestra cuán grande es su deseo de tener un encuentro personal y de entablar un diálogo con cada uno de vosotros. Cristo, en efecto, detiene su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando plena disposición hacia aquel joven, al que un ardiente deseo impulsa a hablar con el «Maestro bueno» para aprender de él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi antecesor quería exhortar a cada uno de vosotros a «desarrollar el propio coloquio con Cristo, un coloquio que es de importancia fundamental y esencial para un joven» (Carta a los jóvenes, n. 2: ECCLESIA 2.216 [1985/I], pág. 427).
2 Jesús se le quedó mirando con cariño
En el relato evangélico, San Marcos subraya que «Jesús se le quedó mirando con cariño» (cf. Mc 10, 21). En la mirada del Señor está el corazón mismo de tan especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. Y es que el cristianismo no es ante todo una moral, sino experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, ya seamos jóvenes o viejos, pobres o ricos; nos ama también cuando le damos la espalda.
Comentando esta escena, el papa Juan Pablo II añadía, dirigiéndose a vosotros, los jóvenes:
«¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!» (Carta a los jóvenes, n. 7: ECCLESIA cit., pág. 431). Un amor que se manifestó en la cruz de manera tan plena y total que le hizo escribir a San Pablo con estupor: «Me amó hasta entregarse por mí» (Ga 2, 20). «La conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre –escribe también el papa Juan Pablo II–, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana» (Carta a los jóvenes, n. 7: ECCLESIA cit., pág. 432) y nos permite superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, el desánimo. En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si nos hemos encontrado realmente con Jesús, no podemos dejar de testimoniarlo a aquéllos cuyas miradas aún no se han cruzado con la suya.
3 El descubrimiento del proyecto de vida
En el joven del Evangelio podemos vislumbrar una condición muy similar a la de cada uno de vosotros. Vosotros también sois ricos en cualidades, energías, sueños, esperanzas: recursos todos que poseéis con abundancia. Vuestra propia edad constituye una gran riqueza no sólo para vosotros, sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo. El joven rico le pregunta a Jesús: «¿Qué tengo que hacer?». La época de la vida en la que estáis inmersos es tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha otorgado y de vuestras responsabilidades. Es, también, tiempo de elecciones fundamentales para la construcción de vuestro proyecto de vida. Es el momento, por lo tanto, de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: «¿Estoy satisfecho con mi vida? ¿Me falta algo?». Como el joven del Evangelio, acaso vosotros también viváis situaciones de inestabilidad, de turbación o de sufrimiento que os impulsan a aspirar a una vida no mediocre y a preguntaros: ¿En qué consiste una vida lograda? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál podría ser mi proyecto de vida? «¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?» (ibíd., n. 3: ECCLESIA cit., pág. 427). No temáis afrontar estos interrogantes que, lejos de venceros, expresan las grandes aspiraciones que están presentes en vuestro corazón, por lo que han de ser atendidos, pues aguardan respuestas no superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas expectativas de vida y de felicidad. Para descubrir el proyecto de vida que puede haceros plenamente felices, poneos a la escucha de Dios, que tiene un designio suyo de amor para cada uno de vosotros. Preguntadle con confianza: «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla». Tened la seguridad de que os responderá. ¡No tengáis miedo de su respuesta! «Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 20).
4 Ven y sígueme
Jesús invita al joven rico a ir bastante más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y de sus proyectos personales; le dice: «Ven y sígueme». La vocación cristiana nace de una propuesta de amor del Señor, y sólo puede hacerse realidad gracias a una respuesta de amor: «Jesús invita a sus discípulos a la entrega total de sus vidas, sin cálculo ni interés humano, con una confianza sin reservas en Dios.
Los santos acogen tan exigente invitación y se ponen con docilidad humilde a seguir a Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, según la lógica de la fe a veces incomprensible desde el punto de vista humano, consiste en no ponerse ya a sí mismos en el centro y en optar por ir a contracorriente, viviendo conforme al Evangelio» (Benedicto XVI, Homilía en la canonización de los beatos Zygmunt Szczesny Felinski, Francisco Coll, Jozef Damiaan De Veuster, Rafael Arnaiz y Jeanne Jugan, 11-10-09: ECCLESIA 3.489 [2009/II], pág. 1583).
Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, acoged vosotros también con alegría, queridos amigos, la invitación al seguimiento, para vivir intensa y provechosamente en este mundo. En efecto, mediante el Bautismo él llama a cada uno a seguirlo con acciones concretas, a amarlo por encima de todo y a servirlo en los hermanos. Por desgracia, el joven rico no aceptó la invitación de Jesús y se marchó pesaroso. No había tenido el valor de desprenderse de los bienes materiales para encontrar el bien mayor propuesto por Jesús.
La tristeza del joven rico del Evangelio es la misma que nace en el corazón de cada uno de nosotros cuando no tenemos el valor de seguir a Cristo, de hacer la elección adecuada. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!
Jesús no se cansa jamás de mirar con amor y de llamar a ser discípulos suyos, pero a algunos les propone una elección más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera exhortar a los jóvenes y a los muchachos a prestar atención por si el Señor los invita a un don más grande en el camino del sacerdocio ministerial, y a estar dispuestos a acoger con generosidad y entusiasmo semejante señal de predilección especial, emprendiendo con un sacerdote, con su director espiritual, el necesario camino de discernimiento. Tampoco temáis, queridos y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de consagración especial: ¡él sabe dar alegría profunda a quienes responden con valentía!
Invito, además, a cuantos sienten la vocación del sacerdocio, a acogerla con fe, comprometiéndose a poner unas bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.
5 Orientados hacia la vida eterna
«¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Esta pregunta del joven del Evangelio se antoja alejada de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, ya que, como observaba mi antecesor, «¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?» (Carta a los jóvenes, n. 5: ECCLESIA 2.216 [1985/I], pág. 428). Pero la pregunta sobre la «vida eterna» aflora en momentos particularmente dolorosos de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de un allegado o cuando vivimos la experiencia del fracaso.
Pero, ¿qué es esa «vida eterna» a la que se refiere el joven rico? Nos lo ilustra Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16, 22). Son palabras que indican una propuesta entusiasmante de felicidad sin fin, de la alegría de verse colmados de amor divino para siempre.
Interrogarnos acerca del futuro definitivo que nos aguarda a cada uno da plenitud de sentido a nuestra existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que impulsan a amar el mundo –tan amado por el mismo Dios–, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de la esperanza. Se trata de horizontes que nos ayudan a no extremar las realidades terrenales, sabedores de que Dios nos prepara una perspectiva más grande, y a repetir con San Agustín: «Deseemos juntos la patria celestial, suspiremos por la patria celestial, sintámonos peregrinos aquí abajo» (Comentario al Evangelio de San Juan, Homilía 35, 9). Manteniendo puesta la mirada en la vida eterna, el Beato Pier Giorgio Frassati, muerto en 1925 con 24 años de edad, decía: «¡Quiero vivir, y no dejarme vivir!», y en la foto de una escalada, enviada a un amigo, escribía: «Hacia arriba», aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.
Os exhorto, queridos jóvenes, a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para que estemos con él, para siempre. Dicha perspectiva os ayudará a dar plenitud de sentido a vuestras elecciones y calidad a vuestra existencia.
6 Los mandamientos, senda del amor auténtico
Jesús le recuerda al joven rico los diez mandamientos como condiciones necesarias para «heredar la vida eterna». Son puntos de referencia esenciales para vivir en el amor, para distinguir claramente el bien del mal y construir un proyecto de vida sólido y duradero. También a vosotros os pregunta Jesús si conocéis los mandamientos, si os preocupáis por formar vuestra conciencia conforme a la ley divina y si los lleváis a la práctica.
Ciertamente se trata de preguntas que van a contracorriente respecto a la mentalidad actual, que propone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas, y que invita a negar toda limitación a los deseos del momento. Pero este tipo de propuesta, en vez de llevar a la libertad verdadera, hace del hombre un esclavo de sí mismo, de sus deseos inmediatos, de ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, incapacitándolo para seguir su vocación nativa al amor.
Dios nos da los mandamientos porque quiere educarnos en la libertad verdadera, porque quiere construir con nosotros un Reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y llevarlos a la práctica no significa alienarse, sino encontrar la senda de la libertad y del amor auténticos, ya que los mandamientos no limitan la felicidad, sino que indican cómo encontrarla. Al inicio de su diálogo con el joven rico, Jesús recuerda que la ley dada por Dios es buena, porque «Dios es bueno».
7 Os necesitamos
Quienes viven hoy la condición juvenil se ven enfrentados a muchos problemas derivados del desempleo, de la falta de referencias ideales seguras y de perspectivas concretas para el futuro. A veces pueden tener la sensación de la propia impotencia ante las crisis y las tendencias actuales. Pese a la dificultad, ¡no caigáis en el desánimo y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad, por el contrario, en vuestros corazones deseos profundos de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. Si queréis, el futuro está en vuestras manos, pues los dones que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, forjados por el encuentro con Cristo, pueden traer esperanza auténtica al mundo. La fe en su amor, al haceros fuertes y generosos, os dará el valor de afrontar con serenidad el camino de la vida y de asumir responsabilidades familiares y profesionales. Comprometeos a construir vuestro futuro por medio de itinerarios serios de formación personal y de estudio, para servir de manera competente y generosa al bien común.
En mi reciente Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral, Caritas in veritate, he indicado algunos grandes retos actuales que se revelan urgentes y necesarios para la vida de este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto a la ecología; la justa compartición de los bienes y el control de los mecanismos financieros; la solidaridad con los países pobres en el seno de la familia humana; la lucha contra el hambre en el mundo; la promoción de la dignidad del trabajo humano; el servicio a la cultura de la vida; la construcción de la paz entre los pueblos; el diálogo interreligioso; el buen uso de los medios de comunicación social.
on desafíos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraternal. Son desafíos que exigen un proyecto de vida riguroso y apasionante en el que poner toda vuestra riqueza, según el designio de Dios sobre cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestas heroicas o extraordinarias, sino de actuar aprovechando los propios talentos y las propias posibilidades, comprometiéndose a progresar constantemente en la fe y en el amor. En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, especialmente la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios los ha guiado y ellos han encontrado su camino día tras día, precisamente en la fe, en la esperanza y en el amor. Cristo llama a cada uno de vosotros a comprometerse con él y a asumir sus propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su palabra, también vuestro camino se iluminará y os llevará a metas elevadas, que dan alegría y plenitud de sentido a la vida.
Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os acompañe con su protección. Os aseguro mi recuerdo en la oración y con gran afecto os bendigo. Vaticano, 22 de febrero de 2010 BENEDICTUS PP XVI
Fuentes: Original italiano procedente del archivo
informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA.
Redacción Blog. Angel C.
sábado, 8 de mayo de 2010
V Domingo de Pascua: Test del amor
DOMINGO: DIA DEL SEÑOR
(JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. (Jn 13,31-33. 34-35).
Ámbar
Apenas los turistas descienden de sus autobuses se ven invadidos de una nube de vendedores que presentan sus productos, que ofrecen, tientan y casi obligan a que les lleven “una su mercancía”. Indudablemente que entre las más preciadas aparece el ámbar, como tesoro de Chiapas y como piedra preciosa que se convierte en presente obligado como recuerdo del viaje. Inmediatamente se acerca alguien diciendo como quien sabe “Mire, el ámbar es la única piedra preciosa de origen vegetal. Se forma de una resina de algunos árboles que datan de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria… Éste es el auténtico, mire, usted lo puede comprobar…”. Y los astutos vendedores tanto de la calle como de algunos locales comerciales, ofrecen como auténtico ámbar simulaciones plásticas o de vidrio, artificiosamente elaboradas, con su “insecto incluido”, empotradas en bellas composiciones ¡de alambre! Y todo por unos cuantos pesos, pero es difícil a primera vista distinguir el ámbar falso. El verdadero ámbar es caro porque ha requerido millones de años en la oscuridad de la tierra, y claro que algunas piezas han atrapado y conservado algún pequeño insecto que ahora es estudiado y valorado por su antigüedad. Sí, igual que es difícil distinguir el verdadero amor.
Palabras últimas
En la última cena, en la cena de despedida, donde se abre el corazón y se dejan los encargos más urgentes, donde cada palabra es importante, Cristo nos da el último encargo: amar. Pero con verdadero amor. Como sucede con el ámbar también sucede con el amor: hay mercaderes de amor que salen a las calles, que ofrecen baratijas, que lo adornan o disimulan con contenidos falsos, que lo enredan en escaparates atractivos y lo ofrecen al mejor postor. Hay falsos amores que atraen y engañan, que encandilan. Pero el verdadero amor no es de momentos y ni de alucinaciones, sino de compromiso, de entrega. Así como el ámbar requiere el silencio y el tiempo para llegar a ser una piedra de valor, también el verdadero amor requiere del silencio, de la entrega y del tiempo para adquirir su verdadero valor. Los cristianos hemos hablado mucho de amor. Pero no siempre hemos acertado o no nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido práctico a partir de las actitudes concretas de Jesús. Los cristianos no nos debemos cansar de insistir en que el amor fraterno es el verdadero test para descubrir la autenticidad de una comunidad que quiere ser la de Jesús.
Un encargo
El verdadero amor sobrevive a las dificultades más graves y a las oposiciones más hostiles. Hoy Jesús nos da el ejemplo: nos habla de su amor cuando acaba de vivir un momento de traición y está a punto de vivir el abandono de sus amigos. Entonces es cuando da su “encargo” a los apóstoles. Con frecuencia lo hemos llamado el mandamiento nuevo, pero el sentido de las palabras que utiliza Jesús no es precisamente el de una orden sino el de un encargo, de un regalo precioso que se debe cuidar. El amor no se impone por mandatos o por leyes, sino brota del corazón: “el encargo” que Jesús les hace en esos momentos a sus discípulos es que se quieran entre si, como el mismo Jesús en aquel momento los estaba queriendo. Antes ya había expresado que el amor a Dios iba de la mano con el amor a los hermanos porque sólo amando a las personas se ama a Dios. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. El amor a los otros es la única prueba de nuestro amor a Dios.
Test del amor
La piedra de toque para descubrir si nuestro amor es verdadero nos la ofrece Jesús al hacernos este “encargo”. Nos invita al amor pero como Él nos ha amado. Si contemplamos la vida de Jesús nos encontraremos que tiene una forma muy peculiar de amar. En primer lugar se hace igual a quien ama, se encarna para hacerse hombre en todo igual a quienes ama. Nosotros hacemos al revés: queremos que los que amamos se parezcan a nosotros, que cambien a nuestros gustos y caprichos, que no sean personas independientes: “Te quiero pero sólo que te parezcas a mí y cumplas mis caprichos y expectativas”. Cristo ama al pecador aunque éste no se ha convertido y hasta da la vida por él. Nosotros no amamos a los que no nos toman en cuenta. Es más, a personas que deberíamos amar como los hijos, padres, cónyuges, compañeros de trabajo, no los amamos si ellos no nos demuestran simpatía y consideración. Jesús ama buscando la verdadera felicidad del otro; cuando se acerca a alguien lo cura tanto interiormente como exteriormente, permite que el otro alcance plena felicidad. Nosotros amamos para que nos hagan felices, para nuestro gusto y placer, por eso cuando el otro ya no nos satisface lo abandonamos y lo dejamos de lado. Jesús ama hasta dar la vida por el otro. Cuando nosotros amamos hasta destruimos la vida de los otros, los hacemos dependientes de nosotros, queremos que estén a nuestra disposición. El amor de Jesús es abierto y universal, no se encierra. Quiere que todos participen de su amor. Nuestro amor acapara, es celoso y envidioso, se cierra y no se hace fecundo hacia los demás. Jesús sabe perdonar, nosotros guardamos rencores y buscamos revanchas… ¿Se parece nuestro amor al de Jesús?
Obras son amores
El amor que Jesús nos encarga es muy concreto, se realiza al contemplar el rostro del que sufre. Muchas veces hemos dicho que debemos amar al prójimo viendo en él el rostro de Jesús y esto puede ayudarnos, pero ciertamente será más exigente amar como Jesús amó. Al estar en una situación especial ante cualquier persona, tendríamos que hacernos la pregunta: ¿cómo ama Jesús a este hermano? ¿Cómo lo debo amar yo? Si queremos amar como Él nos amó, es necesario también descubrir desde su actuación el modo concreto de vivir el amor, frente a los hermanos y no solamente un amor romántico, ideal e impersonal. El amor se transforma en acciones concretas a favor de la persona amada o no es verdadero amor. Sólo así podremos construir los cielos nuevos y la tierra nueva que nos presenta el Apocalipsis en este día. En el amor construiremos una nueva sociedad.
Señor, Tú que nos has enseñado que en el amor al prójimo se sintetiza toda tu vida y tu doctrina, enséñanos a superar nuestros egoísmos y nuestro individualismo, abre nuestro corazón al hermano e impúlsanos a construir “los cielos nuevos y la tierra nueva” en medio de nosotros, prenda de la verdadera Jerusalén celestial. Amén.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. (Jn 13,31-33. 34-35).
Ámbar
Apenas los turistas descienden de sus autobuses se ven invadidos de una nube de vendedores que presentan sus productos, que ofrecen, tientan y casi obligan a que les lleven “una su mercancía”. Indudablemente que entre las más preciadas aparece el ámbar, como tesoro de Chiapas y como piedra preciosa que se convierte en presente obligado como recuerdo del viaje. Inmediatamente se acerca alguien diciendo como quien sabe “Mire, el ámbar es la única piedra preciosa de origen vegetal. Se forma de una resina de algunos árboles que datan de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria… Éste es el auténtico, mire, usted lo puede comprobar…”. Y los astutos vendedores tanto de la calle como de algunos locales comerciales, ofrecen como auténtico ámbar simulaciones plásticas o de vidrio, artificiosamente elaboradas, con su “insecto incluido”, empotradas en bellas composiciones ¡de alambre! Y todo por unos cuantos pesos, pero es difícil a primera vista distinguir el ámbar falso. El verdadero ámbar es caro porque ha requerido millones de años en la oscuridad de la tierra, y claro que algunas piezas han atrapado y conservado algún pequeño insecto que ahora es estudiado y valorado por su antigüedad. Sí, igual que es difícil distinguir el verdadero amor.
Palabras últimas
En la última cena, en la cena de despedida, donde se abre el corazón y se dejan los encargos más urgentes, donde cada palabra es importante, Cristo nos da el último encargo: amar. Pero con verdadero amor. Como sucede con el ámbar también sucede con el amor: hay mercaderes de amor que salen a las calles, que ofrecen baratijas, que lo adornan o disimulan con contenidos falsos, que lo enredan en escaparates atractivos y lo ofrecen al mejor postor. Hay falsos amores que atraen y engañan, que encandilan. Pero el verdadero amor no es de momentos y ni de alucinaciones, sino de compromiso, de entrega. Así como el ámbar requiere el silencio y el tiempo para llegar a ser una piedra de valor, también el verdadero amor requiere del silencio, de la entrega y del tiempo para adquirir su verdadero valor. Los cristianos hemos hablado mucho de amor. Pero no siempre hemos acertado o no nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido práctico a partir de las actitudes concretas de Jesús. Los cristianos no nos debemos cansar de insistir en que el amor fraterno es el verdadero test para descubrir la autenticidad de una comunidad que quiere ser la de Jesús.
Un encargo
El verdadero amor sobrevive a las dificultades más graves y a las oposiciones más hostiles. Hoy Jesús nos da el ejemplo: nos habla de su amor cuando acaba de vivir un momento de traición y está a punto de vivir el abandono de sus amigos. Entonces es cuando da su “encargo” a los apóstoles. Con frecuencia lo hemos llamado el mandamiento nuevo, pero el sentido de las palabras que utiliza Jesús no es precisamente el de una orden sino el de un encargo, de un regalo precioso que se debe cuidar. El amor no se impone por mandatos o por leyes, sino brota del corazón: “el encargo” que Jesús les hace en esos momentos a sus discípulos es que se quieran entre si, como el mismo Jesús en aquel momento los estaba queriendo. Antes ya había expresado que el amor a Dios iba de la mano con el amor a los hermanos porque sólo amando a las personas se ama a Dios. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. El amor a los otros es la única prueba de nuestro amor a Dios.
Test del amor
La piedra de toque para descubrir si nuestro amor es verdadero nos la ofrece Jesús al hacernos este “encargo”. Nos invita al amor pero como Él nos ha amado. Si contemplamos la vida de Jesús nos encontraremos que tiene una forma muy peculiar de amar. En primer lugar se hace igual a quien ama, se encarna para hacerse hombre en todo igual a quienes ama. Nosotros hacemos al revés: queremos que los que amamos se parezcan a nosotros, que cambien a nuestros gustos y caprichos, que no sean personas independientes: “Te quiero pero sólo que te parezcas a mí y cumplas mis caprichos y expectativas”. Cristo ama al pecador aunque éste no se ha convertido y hasta da la vida por él. Nosotros no amamos a los que no nos toman en cuenta. Es más, a personas que deberíamos amar como los hijos, padres, cónyuges, compañeros de trabajo, no los amamos si ellos no nos demuestran simpatía y consideración. Jesús ama buscando la verdadera felicidad del otro; cuando se acerca a alguien lo cura tanto interiormente como exteriormente, permite que el otro alcance plena felicidad. Nosotros amamos para que nos hagan felices, para nuestro gusto y placer, por eso cuando el otro ya no nos satisface lo abandonamos y lo dejamos de lado. Jesús ama hasta dar la vida por el otro. Cuando nosotros amamos hasta destruimos la vida de los otros, los hacemos dependientes de nosotros, queremos que estén a nuestra disposición. El amor de Jesús es abierto y universal, no se encierra. Quiere que todos participen de su amor. Nuestro amor acapara, es celoso y envidioso, se cierra y no se hace fecundo hacia los demás. Jesús sabe perdonar, nosotros guardamos rencores y buscamos revanchas… ¿Se parece nuestro amor al de Jesús?
Obras son amores
El amor que Jesús nos encarga es muy concreto, se realiza al contemplar el rostro del que sufre. Muchas veces hemos dicho que debemos amar al prójimo viendo en él el rostro de Jesús y esto puede ayudarnos, pero ciertamente será más exigente amar como Jesús amó. Al estar en una situación especial ante cualquier persona, tendríamos que hacernos la pregunta: ¿cómo ama Jesús a este hermano? ¿Cómo lo debo amar yo? Si queremos amar como Él nos amó, es necesario también descubrir desde su actuación el modo concreto de vivir el amor, frente a los hermanos y no solamente un amor romántico, ideal e impersonal. El amor se transforma en acciones concretas a favor de la persona amada o no es verdadero amor. Sólo así podremos construir los cielos nuevos y la tierra nueva que nos presenta el Apocalipsis en este día. En el amor construiremos una nueva sociedad.
Señor, Tú que nos has enseñado que en el amor al prójimo se sintetiza toda tu vida y tu doctrina, enséñanos a superar nuestros egoísmos y nuestro individualismo, abre nuestro corazón al hermano e impúlsanos a construir “los cielos nuevos y la tierra nueva” en medio de nosotros, prenda de la verdadera Jerusalén celestial. Amén.
(JUAN 13,31 33a.34 35) - Ciclo C
Los políticos parecen tremendamente preocupados de su imagen. No sólo hay que ser, es casi más importante aparecer como se quiere ser. Las vallas publicitarias, los eslóganes de las campañas electorales cuidan ante todo la imagen del can didato. Al fin y al cabo, el elector se adhiere a una imagen, por ella vota. Los programas electorales quedan en una vaga indefinición ante el pueblo, que termina votando una imagen, un modelo, una persona, en un acto casi de fe, confianza y adhesión. Por eso es importante que la imagen no se deteriore, que llegue con claridad al elector, que sea percibida autentica mente, como ha sido programada con antelación.De la política como ejemplo me introduzco en la Biblia y leo: «Y dijo Dios: -Hagamos a un hombre a nuestra imagen y semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn 1,26-27). Y para descubrir la imagen de este Dios comienzo a espigar las páginas de la Biblia. Parece como si Dios no hubiera cui dado su imagen: se deja llevar de la ira, es vengativo, manda a Israel la práctica del anatema militar, que consistía en la destrucción total y sistemática de las ciudades conquistadas con sus hombres, animales y enseres, favorece el engaño y la traición, castiga despiadadamente, aprueba matanzas y asesi natos. Si el hombre está hecho a imagen de Dios, y éste es el Dios verdadero, me explico lo que ha sucedido: de tal palo, tal astilla...Pero sigo leyendo. Después viene Jesús y nos habla de Dios; al oírlo tengo la impresión de estar oyendo hablar de otro Dios. El Dios de Jesús ha cambiado de imagen, tiene otro rostro: el rostro del amor.Siento tan fuerte el contraste entre este Dios y el Dios antiguo, que vuelvo a releer los primeros versos de la Biblia, y comienzo a sospechar que es más bien el hombre quien ha hecho a Dios a su imagen y semejanza... Y me explico así toda esa ola de violencia y desamor divino que corre por las venas del Antiguo Testamento. Llego a pensar que ese Dios es un magnífico pedagogo que se va revelando poco a poco a su pueblo en la medida en que éste progresa hacia él.En el principio era norma la violencia sin medida, propia de un pueblo primitivo. Frente a la venganza de Lamec hasta setenta y siete veces (Gn 4,23-24), la ley del "talión" restringe los ímpetus humanos: «ojo por ojo, diente por diente»; no hay que excederse en el castigo (Ex 21,22-23); el libro del Exodo garantiza la vida con un absoluto «no matarás» (20,13); el Levítico prohibe vengarse de los conciudadanos y manda: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (19,17). En torno a este mandato de amor nació en Israel una legislación humani taria de la que Dios mismo se hace garante: pedirá cuenta de los delitos contra la vida, de las injusticias, de la opresión, de la vejación de los pobres, indigentes, extranjeros, viudas, huér fanos, desamparados de la sociedad. Con Jeremías, Dios mis mo se niega a estar en un templo al que acuden los que prac tican a diario la injusticia (Jr 7,lss).Sólo al final, con Jesús, la imagen de Dios se revela con nitidez: «Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, amaos también entre vos otros. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros» (Jn 13,34-35). La medida del amor es el amor sin medida, practicado por el Maestro. La medida del amor supera el amor a la propia vida. Esta es la medida del amor divino que entregó a su Hijo a la muerte.Mucho tiempo le costó a la humanidad dar con este camino, hasta comprender que es el hombre el que está hecho a la imagen de Dios. Que todo ha sido un problema de imagen. Que sólo cuando los hombres rindan culto al Amor-Dios se acabará la ola de violencia que nos invade. En este sentido, nuestro mundo camina todavía por la prehistoria, adorando dioses falsos, falsas imágenes de un dios, fabricado a imagen y semejanza humana.
Publicado por CAMINO MISIONERO
lunes, 3 de mayo de 2010
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